Nearshoring, la oportunidad de oro para México

En los últimos meses, el concepto de nearshoring ha cobrado cada vez mayor relevancia a la hora de explicar algunos comportamientos de la economía mexicana. Contrario a lo que sucede en otras economías latinoamericanas, en México, la moneda se ha apreciado frente al dólar y la Inversión Extranjera Directa no ha parado de llegar al país, esto pese al nerviosismo generalizado de los mercados por la inflación y el conflicto ruso-ucraniano.

Para diversos especialistas, el comportamiento destacado de la economía en el país está explicado por la relocalización de las cadenas de suministros que distintas empresas han comenzado a realizar a fin de que las cadenas de producción no se vean cortadas y se cubran, de manera satisfactoria, las necesidades de insumos.

La perspectiva es tan buena que hay quienes ven, en este comportamiento, una oportunidad de oro para México a fin de que pueda capitalizar las nuevas exigencias del mercado en beneficios económicos a largo plazo, afianzando la permanencia de inversión en el país.

COVID-19: los efectos colaterales

La pandemia por COVID-19 y las huelgas de transportistas en América del Norte pusieron en evidencia las fragilidades del sistema logístico para proveer de insumos a los principales mercados del mundo, fragilidades que no se alcanzaban a dimensionar sencillamente porque no se habían puesto a prueba.

En la década de los noventa, el auge de la globalización y la consolidación de tratados de libre comercio en distintas regiones del mundo impulsó de manera importante la práctica de offshoring, es decir, llevar la producción, o parte de ella, a uno o varios países a fin de abaratar los costos del producto final y hacerlo más competitivo en su mercado destino.

Pronto, varios países se convirtieron en maquiladores, México entre ellos, sin embargo, con el paso de los años, el gran vencedor fue China, que poco a poco fue concentrando la producción de piezas y productos esenciales para distintas industrias, por ejemplo, la manufactura de chips.

Y todo fue viento en popa por casi 3 décadas hasta que la cadena de suministros se rompió: el aumento en la demanda de productos provenientes de China y la huelga de transportistas hizo que interminables filas de contenedores quedaran paralizadas en los principales puertos de Estados Unidos, algunos, incluso, sin la posibilidad de siquiera desembarcar.

Lo anterior seguramente hizo que más de algún inversionista o CEO se planteara la pertinencia de tener un gran inventario —con un bajo costo de producción—, pero al otro lado del mundo. Es por ello que, con el objetivo de no volver a enfrentar una parálisis en las cadenas de suministro, las grandes empresas han comenzado a regresar su producción a países cercanos al lugar donde se consumirá el producto final; en términos prácticos, el renacimiento del nearshoring.

México, la Cenicienta que por fin… ¿será?

En ese contexto aparece México, que contrario a ciertos pronósticos, se ha convertido en el destino ideal para relocalización de la producción, convirtiendo así al nearshoring en el factor principal para explicar la llegada de Inversión Extranjera Directa (IED) a México en el último año.

Así lo demuestran las cifras dadas a conocer por la Secretaría de Economía para el tercer trimestre del año, con una cifra récord de 32 mil 147 millones de dólares por entrada de IED, un aumento de casi el 30% respecto al mismo periodo del año anterior.

En ese sentido, en semanas anteriores, Raquel Buenrostro, titular de Economía, adelantó que existen más de 400 empresas de América del Norte que han hecho expresas sus intenciones de relocalizar sus operaciones, trayéndolas hacia nuestro país.

La pregunta obligada, llegado este punto, es por cuánto tiempo se mantendrá esta tendencia. Las buenas noticias, de acuerdo con algunos especialistas, es que el nearshoring llegó para quedarse. Y es que todo parece indicar que, a largo plazo, las ventajas de mantener la producción lo más cercana posible son superiores a lo que el offshoring venía ofreciendo en los últimos años.

Más aún, la guerra comercial y las diferencias políticas entre Estados Unidos y China no han hecho más que aumentar con el correr de los últimos años, y no se ve una vía por la cual las tensiones entre estas dos potencias vayan a disminuir en los próximos meses.

Los primeros efectos de estas nuevas dinámicas ya son visibles, y México ha estado oscilando entre el primero y el segundo lugar de los principales socios comerciales de Estados Unidos, colocándose por encima de Canadá y China.


No es de sorprenderse, entonces, que el peso se encuentre por debajo de las 20 unidades por dólar y que su tendencia se mantenga a la baja en 2023. Por el momento los cielos económicos lucen despejados y el mercado mexicano podría ver sus mejores días si existen las políticas adecuadas para impulsar esta nueva tendencia del comercio global.

Total
0
Shares
Anterior
La libertad de expresión en Internet: lo dominante y lo prohibido

La libertad de expresión en Internet: lo dominante y lo prohibido

Si bien, esto nos ha orillado a vivir en una sociedad de hipervigilancia, donde

Siguiente
Obesidad: ¿genética, costumbres o pandemia?

Obesidad: ¿genética, costumbres o pandemia?

El acelerado proceso de urbanización que se ha venido dando en los últimos años,

Podría Interesarte